VIEJOS AMIGOS
14 mayo, 2013
Estimad@s:
Suspendo por una semana la publicación de MADRID/LA SANGRE para presentaros mi…
PROYECTO PARA UNA AUDIOANTOLOGIA SOLIDARIA
Hay dos cosas en este mundo que me apasionan: la literatura y el trabajo social. Por eso quiero hacer una audioantología de microrrelatos destinada a mejorar (en la escala que corresponda) la vida de las personas desfavorecidas. Grabaremos un CD con los mejores micros, lo venderemos y entregaremos el fruto de nuestro trabajo a una asociación benéfica. Quizás sea este uno de los caminos que conducen a lo que solíamos llamar la literatura comprometida.
Un abrazo grande,
Pablo Gonz
MADRID/LA SANGRE–8
9 mayo, 2013
María Inés Ramírez, de nueve años de edad, y María Asunción Capdepera, de diez, avanzan por un pasillo pegándose a la pared. Es evidente que van a cometer una maldad. Ambas, con sus pichis azules y sus zapatos negros, se mezclan con las sombras protectoras al tiempo que terminan de trazar el plan. Inés va delante: ella tuvo la idea; Asunción la sigue. Y antes de una esquina se detienen. Silencio. Inés mira a la vuelta. «Vamos». A cuatro o cinco metros se encuentra la portería: un despacho acristalado que ocupa una monja recién llegada de la India. Apenas habla español. Las dos niñas se ríen en silencio un momento y luego se estiran para actuar. Con paso normal llegan a la portería. «Hola, hermana», dicen. «Hola», responde ésta con su extraño acento. «Necesitamos localizar a una alumna que se llama Elena», dice Inés. «Por los altavoces», añade Asunción señalando a un micrófono que hay sobre una mesita. Incomprensión. «Elena. ¿La puede llamar?» Duda. «¿Yo llamar a Elena?» «Sí. Altavoz». «Bla, bla». «Ah, bien. Elena. ¿Sus nombres?» «Apellidos». «¿Sus apellidos?» Inés se los dice y segundos más tarde resuena en todo el colegio el siguiente anuncio: «Elena Nito del Bosque, Elena Nito del Bosque. Ven al portería, favor.»
MADRID/LA SANGRE–7
2 mayo, 2013
Felipe Reyera, Felipón por lo corpulento, se pasa la vida trabajando en una mina de talco, allá en los viejos Montes de León, y una vez al año viaja a Madrid para asistir al Sorteo de Navidad. Ya en el salón de loterías, se preocupa mucho de salir por la tele. Lleva contadas diecisiete apariciones públicas y dos millones de pesetas en pérdidas. Como nunca le toca nada, al salir suele estar triste y entonces parece menos alto. Tal es su aspecto ahora mismo, cuando avanza con los pies al arrastre por un largo corredor hacia el andén donde tomará el metro que lo llevará a la estación de autobuses. Piensa en su mala suerte mirándose las rodillas y por eso le sorprende el tipejo que se le ha parado delante. Es uno de esos que se llaman punkis. Lleva botas militares, pantalones ajustados, cazadora de cuero y una cresta de color rojo. Además, se ha puesto una carlanca en el cuello, de las que los pastores les ponen a los mastines. «¿Y éste?», se pregunta Felipón, al tiempo que por su mirada se da cuenta de que detrás tiene a otro. No se lo piensa dos veces. Coge al primero, lo levanta en vilo y lo tira contra el segundo. Luego los mira un momento, retorciéndose en el suelo, y sigue adelante.
MADRID/LA SANGRE–6
25 abril, 2013
Es la una y media de la mañana del día uno de enero, y los jóvenes se juntan para acudir a las fiestas de Nochevieja. Ya han cenado, ya se han comido las uvas en familia, ya han hecho los brindis de rigor, y ahora se disponen a pasarlo bien bebiendo y bailando. Algunos llevan traje con corbata —es la única vez en el año que lo usan— pero la mayoría van más cómodos: quizás con la camisa que sus papás les regalaron en Nochebuena y con un abrigo, «que luego, cuando salgáis, va a hacer biruji». Uno de los típicos lugares de encuentro es la glorieta de Cuatro Caminos, debajo del scalextric. Cientos de jóvenes se reúnen allí formando grupos más o menos repeinados de los que se elevan nubes de humo. Se habla mucho y muy fuerte, hasta que algo se empieza a mover entre unos cartones que nadie había visto. Surge entonces una faz horrible: los ojos guiñados por la luz, la nariz atravesada por una cicatriz reciente, la boca entreabierta y espumosa: «Eh, vosotros, ¿qué pasa?». Alguien responde: «Es Nochevieja». Un mohín de desprecio o de asco antecede al momento en que este hombre dice: «Vaya panda de gilipollas». Enseguida se da media vuelta tapándose de nuevo con sus cartones.
MADRID/LA SANGRE–5
18 abril, 2013
Es un hombre alto y especialmente estrecho de hombros, algo encorvado y de brazos fofos, lo que le da un cierto aspecto simiesco. No es gordo pero la tripa le cuelga. Siempre lleva jerseys de lana marrón (con cuello vuelto) y se le nota en la calva un rebrillo graso que se extiende a su poco pelo. En su mirada oscura hay algo de lujurioso, y en su sonrisa sin colmillos algo de manso. Se llama Ignacio Fuentes y es sacerdote: director de la catequesis juvenil de una parroquia del barrio de Salamanca. Hace ya varios meses que el padre Ignacio le ha encargado a sus discípulos (todos varones) que le den cuenta de sus sentimientos por escrito. Cada viernes, los muchachos le enseñan sus diarios para que él los lea. Según el sacerdote, esto equivale a una confesión, pero la correspondiente disculpa no se obtiene por medio del típico ego te absolvo sino a través de un fuerte abrazo que él prolonga cuanto quiere.
MADRID/LA SANGRE–4
12 abril, 2013
Jordi Monrás jamás imaginó que un día se vería así: vestido de soldado y además en Madrid. Avanza por un pasillo muy limpio (sus botas nuevas crujen sobre las baldosas) con un teletipo que debe entregar al subteniente González, despacho 208. Le han advertido que tenga cuidado con el subteniente porque está bastante loco. «¿A qué se pueden referir con eso?», se pregunta mientras avanza entre los rótulos de las puertas. «Aquí está. 208. No hay nada especial que hacer. Llamar, entrar, saludar, entregar el teletipo y esperar órdenes». Jordi hace las primeras dos cosas (llamar y entrar) pero encuentra el despacho vacío. Está el escritorio del subteniente. Y está su guerrera, colgada de una percha. Están sus carpetas abiertas. Pero él no. Jordi se dispone ya a retirarse cuando escucha una vocecita que dice: «¡Gilipollas!» Vuelve entonces al centro del despacho y presta atención: «¡Gilipollas!» Alguien ha dicho «gilipollas», eso está claro, pero ¿quién? A la tercera, Jordi se fija mejor y se da cuenta de que dos ojitos le miran desde una ranura horizontal que se abre en la caja del escritorio. Es el subteniente González. «A sus órdenes», dice Jordi mirando de cerca a esos ojitos, y el subteniente sale de su escondrijo sacudiéndose las rodillas del pantalón. «¿Qué hay?», pregunta muy serio. «Un teletipo, mi subteniente». «Ah, muy bien. Démelo». «¿Ordena algo, mi subteniente?» «No, nada. Retírese».
MADRID/LA SANGRE–3
5 abril, 2013
A pesar de su aspecto marroquí, Acates Rómulo Burgos Onzilla es peruano, natural de Cajamarca, al norte del país. Llegó a España hace ocho años pero aún no se despega del ají de gallina, que le prepara todos los domingos su esposa. Ella sí parece peruana: una momia andina. Entre ambos regentan una librería de viejo que le compraron por cuatro perras a un ciego moribundo. Acates Rómulo tiene un empleado español, un chico que estudió Derecho y que sabe de libros más que Borges. Jerónimo, que así se llama el muchacho, suele hablar como todos los españoles, directo y fuerte, lo cual le parece a Acates del peor gusto. En muchas ocasiones, por tanto, se siente con el derecho de decirle: «A ver, Jerónimo, háblame bonito». A éste la cantinela de su jefe ya le viene hinchando eso que el vulgo llama «los huevos», así que espera con ansia el momento del desquite. Pues bien, ese momento va a llegar hoy, 17 de abril, a las seis y dos minutos de la tarde. Un cliente, parece que argentino, ha entrado al local preguntando por alguna obra de Álvaro Mutis, a lo que Acates ha respondido servilmente: «Lo siento, caballero. Tenemos muy poca literatura mejicana». Sin pensárselo dos veces, Jerónimo le corrige: «Mutis es colombiano, jefe, y tenemos el Tramp Steamer. Está en esa balda». Acates no pospone su furia para luego sino que allí mismo, delante del sorprendido cliente, se lanza a increpar a Jerónimo a la manera huna. Varias docenas de insultos (algunos de ellos incomprensibles; todos bastante húmedos) caen sobre él sin conmocionar ni uno de sus músculos faciales hasta que una luz se hace en sus ojos y levantando una mano le espeta al ofensor: «A ver, Acates, grítame bonito.»
MADRID/LA SANGRE–2
28 marzo, 2013
Es verano y todas las ventanas están abiertas: las de la calle y las de los patios. En el piso sexto de una casa de vecinos de Zurbano 23 siempre se instalan franceses, quizás porque la dueña lo es. Hace algún tiempo, hubo un profesor homosexual que tenía un bigotillo rubio y el pelo «a la Tintín». Le llamaban «El Amarillo». Desde hace unas semanas, vive una chica de aspecto desenvuelto. Pone la música alta, se ríe mucho al teléfono y duerme hasta tarde. Esto se sabe porque a veces abre su ventana de golpe, a eso de las once. Hoy, 22 de julio, se ha reunido a comer en su salón interior toda la familia Páez: don Santiago, doña Linarejos y sus tres hijas: Linarejos (16), Reyes (14) y Paula (13). Comen espárragos con mayonesa y no hablan. Más tarde, la madre sirve filetes; y comienza a oírse un leve jadeo proveniente del patio que al poco se transforma en gorgores más densos y gemidos de franco placer. Cuando llegan los gritos ahogados y las primeras expresiones de júbilo (pronunciadas en francés por dos voces: una de ellas muy grave), la señora de Páez no puede disimular su disgusto y mira al techo. Don Santiago y Linarejos hija pasan de todo. Reyes y Paula se miran y sonríen.
MADRID/LA SANGRE–1
22 marzo, 2013
Todos los domingos, a las cinco de la tarde, Antonio Escalona, jefe de almacén de un laboratorio farmacéutico, se sienta en la mesa del comedor de su casa y enciende una radio de plástico que le compró a un sirio. Tiene ante sí una fotocopia con las diversas quinielas que juega y se dispone a seguir las incidencias de los partidos de fútbol. En la emisora que le gusta suelen anunciar cada gol con una serie de pitidos y una frase breve: «¡marcó El Español en Las Gaunas!» o «¡gol en el Sánchez Pizjuán!» Estas noticias provocan en él siempre la misma reacción: deja el cigarrillo en el cenicero, se sube las gafas y apunta el nuevo tanto en la fotocopia. El ritual se prolonga así hasta las 17:45, cuando acaban todas las primeras partes y llega la publicidad. Antonio aprovecha ese momento para ir al baño y para comentar lo más destacado con su mujer y sus hijos. «¿Qué tal va la cosa?» «Mal», suele ser la respuesta. Las segundas partes comienzan a las seis en punto —las cinco en Canarias— y Antonio las recibe muy atento: el primer cuarto de hora suele ser muy agitado. En esos quince minutos se marcan la mayoría de los goles, y los pitidos procedentes de toda España se pisotean para entrar en la emisora. Luego la tormenta amaina y ya los partidos se arrastran cuesta abajo hasta el final. Hoy, sin embargo, sucede algo diferente. A las seis y media, esto es, a un cuarto de hora del final, Antonio entra muy nervioso en el salón donde su familia ve la tele. «¡En este momento tengo catorce!», anuncia, y todos se revolucionan: dejan a John Wayne hablando con unos indios y forman corro en el comedor junto al pater familias. «¡Calma —pide éste—, que aún pueden pasar muchas cosas!». «Pi, pi, pi, pi… ¡gol en El Sardinero!» «¿Nos afecta?». «Nos afecta». Seis minutos después, tras varios avisos más, de los catorce quedan sólo diez, como casi siempre, y Antonio Escalona, solo de nuevo, apaga la radio y empieza a recoger sus cosas.
MADRID/LA SANGRE–NOTA DEL AUTOR
19 marzo, 2013
Estimad@s tod@s:
Hace unos tres o cuatro años escribí una de esas obras raras a las que me entrego con igual pasión que a las más convencionales. Se titula Madrid/La sangre y es un conjunto de ochenta vivencias, propias y recogidas de otros, sobre los veinticinco años que pasé en Madrid. A partir del próximo viernes publicaré, a razón de uno por semana, varios de estos textos. Por hoy quisiera dejar con vosotros esta “Nota del autor” que sirve como introducción –las obras raras siempre necesitan introducción–. Terminé.
Un abrazo grande a tod@s y viva la vida,
P
NOTA DEL AUTOR
En su célebre tratado Laocoonte, G. E. Lessing distinguía entre las artes plásticas (a las que denominaba de modo genérico «Pintura») y las artes progresivas (reunidas en torno al título «Poesía»). Unas y otras se distinguen por el modo en que el espectador las aprecia. Las artes plásticas llegan a sus ojos de un golpe (sin intervención del tiempo) y las progresivas lo hacen a través del ejercicio de la lectura o la audición (que sí involucra al tiempo). Estos dos tipos de arte son los que Goethe definía como la Plástica y la Retórica.
En este marco teórico, Madrid/La sangre pretende acercar «pintura» y «poesía», «plástica» y «retórica», definiendo la esencia de la ciudad del título (un concepto volumétrico) al envolverla con los trazos largos que son las líneas que componen esta obra. Para ello, me he debido servir de un género literario poco común: el fragmento. Los textos que siguen son unidades autónomas (no tanto como cuentos) pero a la vez dependen entre sí de modo íntimo (nunca como los capítulos de una novela). Por lo mismo y según me atrevo a suponer, reflejarán con nitidez a un modelo de sociedad que se nos impone: la formada por urbanitas solitarios y desarraigados, y por aquellos otros que ya dan pasos concretos hacia el fin del sistema. Quizás un día el modo literario que se reivindica en esta obra les permitirá reconocerse a unos y a otros por lo que son y no por lo que no son.
PG, Punucapa (Chile), 5 octubre 2009
AQUI ENTRE NOSOTROS/66
14 marzo, 2013
¡LO LOGRAMOS!
26 diciembre, 2012
Estimad@s:
Tengo el gusto de comunicarles que hoy (a cuatro días del final de la campaña) hemos completado (y superado) la reunión de los fondos necesarios para la impresión del libro: “¡NO CALLES!” (v. entrada anterior). Considero que este éxito es de todos los que, de un modo u otro, hemos colaborado en esto, pero sobre todo pertenece a quienes pusieron en ello sus palabras, reflejo íntimo de sus vivencias. Entraremos en imprenta y las voces de los más necesitados, que nunca suenan, podrán sonar. Además, se verán beneficiados directamente con la distribución del libro. Hoy, queridos, es un gran día para la Humanidad, uno de esos días en que la Humanidad recuerda que el camino puede recorrerse en la dirección contraria, hacia la solidaridad, hacia lo común, hacia el amor, y no necesariamente hacia la competitividad, hacia lo propio, hacia la indiferencia.
Un enorme abrazo a tod@s,
Pablo Gonz
¡NO CALLES!
29 noviembre, 2012
Estimad@s tod@s…
Me dirijo a vosotr@s para pediros ayuda en una iniciativa social que no dudo en calificar de maravillosa. Con mi amigo Iván Espinoza, escritor valdiviano, queremos armar un proyecto editorial a beneficio del Hogar de Cristo.
Esta fundación benéfica, creada en diciembre de 1944 por el padre Alberto Hurtado, atiende anualmente en todo Chile a más de 70.000 personas en situación de pobreza, a través de diversos programas como son: Adulto Mayor, Educación Inicial, Niños, niñas y adolescentes, Mujer, Personas en Situación de Calle, Comunidad y Salud.
Nuestro aporte a esta fundación será hecho desde la cultura literaria, que es nuestro terreno. Nos proponemos publicar de forma completamente altruista una serie de libros cuyo objetivo será siempre doble: ayudar a la recaudación de fondos asistenciales y concienciar a todos los chilenos sobre la situación de pobreza en la que viven algunos de sus compatriotas.
Hablando más concretamente, tenemos ya entre manos nuestro primer proyecto. Es un conjunto de testimonios que entregaron personas que viven o han vivido en las calles. ¡No calles! será el primero de los títulos que, con vuestra ayuda, lograremos publicar. A partir de su venta en presentaciones especiales y en los eventos que organiza habitualmente el Hogar de Cristo, obtendremos el capital necesario para ayudar, como decíamos, en las tareas habituales de asistencia social y también para publicar un segundo título.
Os pido, pues, vuestro apoyo económico, sea del orden que sea, para contribuir a la realización de esta maravillosa idea que repercutirá de un modo tangible en la mejora de las condiciones de vida de los más necesitados.
Con todo mi agradecimiento va este abrazo absoluto,
PABLO GONZ
P.D.: Quienes deseen realizar aportes, comuníquense conmigo en pablogonz68@gmail.com y les mandaré los datos de las cuentas habilitadas.

























