EL TIPICO TONTO DEL HACHA/14

29 junio, 2010

¿Piensa el vegetariano en la vida que siega cuando arranca una lechuga?

PG

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37 comentarios to “EL TIPICO TONTO DEL HACHA/14”

  1. pablogonz Says:

    Filosofía pura y dura. Una pregunta radical.
    Buenos días a todos,
    PABLO GONZ

  2. Torcuato Says:

    Si se muere nuestro vecino nos afecta mucho más que si muere el vecino de alguien que vive en honolulu.

    Esa reflexión sobre la muerte de la lechuga va mucho más allá. En un metro cuadrado de tierra habitan millones y millones de seres y muchos de ellos perecen en el proceso agrícola.
    Existe la solución de la alimentación pránica.

    Un abrazo.

  3. Víctor Says:

    Si seguimos así, morimos todos de inanición. Mientras, yo sigo en la cúspide de la pirámide alimentaria. Cosas del azar.

    Un saludo, Pablo.

    • pablogonz Says:

      Yo soy omnívoro. Lo único que no como son discursos que se basan en razones superficiales. He escuchado decir: “yo no mato para alimentarme” a personas que arrancan lechugas de su huerto. Tenemos que procurar, creo yo, ver más allá de donde vemos porque si no, corremos el riesgo de vivir engañados. Esto es práctico, desde luego, pero se da de patadas con la capacidad humana de razonar.
      Un fuerte abrazo,
      PABLO GONZ


  4. Tu micro es un auténtico hito en la vida de las lechugas.

    Blogsaludos

    • pablogonz Says:

      Base de la fundación de la Sociedad Protectora de las Plantas. He procurado incitar al recuerdo de que las lechugas también son seres vivos. Un poco más allá, espero que la dirección resultante llame la atención sobre la necesidad del respeto a los seres inertes de quienes quizás un día descubramos algún tipo de sensibilidad insospechada. Muchas culturas tratan a los objetos con un cariño que a los occidentales nos resulta sospechoso. Bien, yo también lo hago. No me gusta vivir en un mundo con fronteras: lo animal/lo vegetal, lo vivo/lo inerte. Jamás entendí la diferencia que hay entre la química y la física.
      Un fuerte abrazo, Adivín, y gracias por escribir.
      PABLO GONZ

  5. Ana Says:

    Y en la vida de los vegetarianos!
    ¿Ahora qué podrán comer? ¿se comerán a sí mismos?
    Un abrazo Pablo y Feliz día de tu santo

    • pablogonz Says:

      No se trata de que dejen de comer vegetales sino de que los coman con conocimiento de causa. Pueden seguir engañándose si piensan que por comer vegetales respetan más la vida. La respetan lo mismo que los carnívoros pero indica que su posición en el mundo está basada en el autoengaño. Cuando comemos un huevo, ¿no comemos vida? Seguramente. ¿Es malo comer vida? ¿Y si mañana se demuestra que el agua ultrapura posee un tipo de vida insospechada? ¿Y si mañana se descubre que la vida como concepto biológico es una falacia? Me parece un error que sigamos sometiendo la realidad a fronteras con el único fin de comprenderla. Vale, dividimos, comprendemos… pero una vez comprendido, volvamos las cosas al maremágnum del que salieron. Digo yo.
      Un fuerte abrazo, Ana, y gracias por acordarte de mi santo.
      PABLO GONZ


  6. Efectivamente es una cuestión radical. Pero un auténtico vegetariano puede eludirla haciendo un caldo de berzas de esas de las que sólo se comen las hojas, sin tocar la raíz. La berza seguiría vivita y verdeando. Si es que hay soluciones para todo.

    Un abrazo, Pablo

    • pablogonz Says:

      ¡Amputación vegetal! ¡Y sin anestesia! Bueno, yo, como habrás visto no soy un defensor acérrimo de las lechugas. Yo creo que hay que comérselas, con todo el respeto del que se sea capaz. También las vacas y otros bichos. Y además creo que todo esto nos sirve para reflexionar sobre la vida, sobre las fronteras biológicas, sobre el hábito de establecer fronteras. ¿Sería igual de racista un tipo que no se sintiera muy diferente de una lechuga? Otra pregunta radical que quizás subyace a un micro que aún no he escrito.
      Un fuerte abrazo, Alberto, y gracias por tu aporte. Sin duda, ha enriquecido mucho este post.
      PABLO GONZ


  7. Hombre, tanto como nosotros cuando criamos un cerdo y luego lo faenamos y lo comemos. ¿Los cerdos comen lechuga?
    Saludos amigo!

    • pablogonz Says:

      Los cerdos comen lechugas, los hombres comen cerdos, los gusanos comen hombres, las lechugas crecen gracias a que los gusanos oxigenan la tierra, etc. El más puro de los budistas más puros (de esos que filtran el agua para no comerse ningún bichito) mata miles de seres con cada paso que da. La vida y la muerte están tan inextricablemente unidos que uno puede llegar a sospechar que no se distinguen en nada. Aquí me da a mí el vértigo. Volveré sobre ello.
      Un fuerte abrazo, Claudia, y gracias por la visita.
      PABLO GONZ


  8. Ésta pregunta depende mucho del carácter y preparación humanista y de cultura del vegetariano en cuestión.
    Si el tipo es de los que se complica mucho haciendo profundos análisis de lo que desconoce,es probable que coma y le caiga mal por atribuírlo a una depresión culpable por el asesinato de una lechuga.Lo cual nadie negará es un punto de vista un tanto extremista.
    Si por otra parte el tipo tiene una cultura a medias,disminuirá el grado de culpa pensando que la vida vegetal contiene diversos sistemas y ciclos de vida que hacen más llevadero su sufrimiento debido a su capacidad de retoñar.
    Si se trata de un individuo bien centrado,y que no se dispersa sufriendo por miramientos relacionados con profundidades de las que se proclama ignorante,entonces ,carente de sentimiento de culpa ,procederá a diseñar un buen aderezo o vinagreta para degustar su ensalada en forma más sabrosa,y le alimentará la misma en forma óptima proveyéndolo de sus minerales y cualidades digestivas.
    Cómo decí mi maestro Einstein,todo es relativo.
    Y en cuanto a la alimentación pránica,mencionada por Torcuato,ahora mismo tienen bajo estudio a un gurú de la India que lleva 20 años alimentándose de prana,(la materia más pura dadora de vida contenida dentro del aire),por lo cual éste santón no va al baño tampoco,y araña los 80 y tantos.
    Yo en lo personal soy un epicúreo,amante de la buena mesa,y me llena de placer preparar mis alimentos y crear deliciosas recetas,aunque si trato de mantener al mínimo el consumo de ácido úrico para evitar las toxinas.Y le paro porque corro el riesgo de seguirme hasta el tomo tres de mi teoría de la buena alimentación.
    La lechuga la como libre de culpa,más no el pollo.
    Jamás mataría yo personalmente a un pollo,pero me cimbra de duda sobre mi integridad,el comerme un pollo a quien otro asesinó.
    Aunque me sabe delicioso.Son las contradicciones con las que tenemos que vivir los humanos.

    • pablogonz Says:

      Me disculparás, Carlos, que no conteste a todo lo que mencionas en tu comentario. Sigo sin entender lo que significa la alimentación “pránica” pero veo que detrás de tus palabras hay todo un trabajo de elaboración mental y experiencial. Seguramente para ti esta pregunta no constituye nada nuevo o inquietante.
      Un fuerte abrazo,
      PABLO GONZ


  9. ¿¿¿¿¿Y qué leches comemos???? ¡¡Por lo menos las lechugas no tienen ojos que te miran mientras las masticas!!

    • pablogonz Says:

      Yo no digo que no haya que comer lechugas, insisto. Lo que sugiero es que no vivamos engañados. Si para ello tenemos que endurecernos, hagámoslo. ¿Y por qué digo todo esto? Porque si nos acostumbramos a vivir engañados, podrán engañarnos sin que nos moleste demasiado. El principio del fin de la libertad, ni más ni menos.
      Gracias por tu visita, Yolanda, y por tu comentario.
      Un abrazo,
      PABLO GONZ


  10. Pablo, me parece que has tocado un tema sin fondo (como cuando discutimos de religión, política y futbol). El carnívoro dará sus bases, el vegetariano las suyas… lo cierto es que, como médico, nuestra alimentación debe ser balanceada; y para ello hay parámetros científicamente establecidos. Desde luego, habrá científicos de ambas partes y la discusión continuará. De ahí lo de el tema sin fondo.

    Saludos.

    • pablogonz Says:

      Situación ideal para aquel que ejerce de filósofo: plantear una pregunta cuyas respuestas pueden conducir a un eco continuo y multiforme. Del poder “revulsivo” de esa pregunta surgen inquietudes, reflexiones que incomodan, tránsitos insospechados… todo eso que nos permite contemplarnos como seres racionales.
      Muchas gracias por tu visita y por tu comentario, José Manuel.
      Un abrazo,
      PABLO GONZ

  11. manuespada Says:

    ¿Y en qué piensan esos antiabortistas americanos que asesinan a médicos abortistas? Paradojas de la Vida.

    • pablogonz Says:

      El éxtasis filosófico: cuando una pregunta radical provoca otra pregunta radical. Si tuviera que dar una respuesta a “paradojas de la Vida” yo diría que la vida no es paradójica sino que nos lo parece. Y nos lo parece porque en su contemplación (quizás no podemos hacerlo de otro modo) usamos de constructos mentales. Si supiéramos vivir más metidos en la incertidumbre (es decir, si tuviéramos menos curiosidad y menos miedo) seguramente construiríamos menos modelos y éstos no chocarían con la realidad generando esas paradojas de las que hablas. Pero este es otro gran tema, semilla de otro u otros post que algún día escribiré.
      Un fuerte abrazo, Manu, y gracias por venir.
      PABLO GONZ

  12. Propílogo Says:

    Yo no como lechugas desde que ví “La Invasión de Los Ladrones de Cuerpos” en La Clave, o antes. Pero tengo una huerta donde las cultivo para alimentar a mi familia y otros animales.
    Si matar, arrancar, asesinar, cazar, no estuvieran enfrentados a la capacidad de remordimiento sino que únicamente fueran de la mano de la necesidad de autodefensa, de alimentación, de manutención… probablemente nos comeríamos al vecino. Creo que nuestro concepto del asesinato tiene un origen social. Supongo que en el origen de los tiempos nadie observaba el sufrimiento ajeno; y mucho menos si era vegetal. Así, hemos extendido nuestro concepto de sociedad hasta el entorno, el ecosistema… en nuestro inocente intento de que la naturaleza nos acepte en su concepto de entorno, en lugar de exterminarnos y empezar de nuevo, que es lo que debería haber hecho hace tiempo. Algo mejor le iría al mundo. Cría pterodáctilos y te comerán los ojos, dijo el brontosaurio.

    • pablogonz Says:

      Como le decía antes a Carlos, discúlpame pero no voy a poder responder a tantas y tan sugerentes cosas como planteas en tu comentario. A lo único a lo que puedo hacer referencia es a ese “inocente intento” del que hablas. Creo que es la vía correcta, restablecer con el entorno un equilibrio de necesidades, lo cual no significa, naturalmente, empezar a considerar ciudadanos a cada planta y a cada nube, sino más bien al contrario: comenzar a dejar de considerarnos ciudadanos y volver a sentirnos hombres, parte inextricable del conjunto natural. Desde esa actitud podremos comernos una lechuga, un pollo, un ternero, sin sentimiento de culpa. ¿A un vecino también? Sí, quizás, aunque ojo porque él también tiene dientes.
      Un abrazo,
      PABLO GONZ

  13. Propílogo Says:

    ¿Eso lo he escrito yo? ¿Qué cené ayer?

  14. Jesús Says:

    Sí que lo piensa, o al menos algunos lo pensarán, digo yo. Creo que todo esto tiene que ver mucho con que la ‘cosa’ tenga ojos y se mueva, corra, vuele…, y que chille, sí, sobre todo que chille (o sonido similar).

    Un abrazo,

    • pablogonz Says:

      Encuentro un elemento común en algunos de los comentarios: el hecho de que la cosa a ser comida tenga ojos o no. ¿Qué simbolizan los ojos? Quizás la inteligencia. ¿O quizás son los testigos que presencian nuestros actos? Pero, ¿no son los ojos formas de piel especializada? Destacas que chillen o no. Pues, según leí en cierto artículo, las plantas también chillan. ¡Y tienen memoria! Se hizo el siguiente experimento: un tipo entró en un vivero y cortó en pedazos a una planta. Pues bien, sus hermanas (que estaban siendo monitoreadas) se pusieron a emitir una frecuencia muy aguda (o sea se estresaron). Al día siguiente volvió a entrar el mismo tipo y las plantas, antes de que éste cortara a ninguna, se volvieron a poner en estrés. Lo que por cierto no les sucedía con los otros visitantes humanos. A mí la lectura de este artículo (que salió no recuerdo cuando en “Investigación y Ciencia”) me puso los pelos como escarpias para siempre.
      Un abrazo,
      PABLO GONZ

      • Jesús Says:

        Muy interesante lo que comentas. No lo sabía. De todos modos, el problema está en que ese chillido de las plantas se escapa al oído humano en ‘condiciones normales’, ¿o esa frecuencia la percibimos? Debo estar un poco sordo 😉 Si no fuera así, o que por ejemplo una lechuga echara a correr, otro gallo cantaría; o no, quizá nos siguiera dando igual. Tampoco me extrañaría nada.

        Saludos,

      • pablogonz Says:

        Jajaja… Si la lechuga echara a correr, cantaría otro manzano. ¡Material para micros a la vista!
        Un abrazo,
        PABLO GONZ

  15. Lola Sanabria Says:

    Lo siento en el alma, pero me encanta la ensalada de lechuga.
    Estupendo.

    Saludos.

  16. Lamicé Says:

    Sobre la lechuga

    Jamás se me hubiese ocurrido pensar que, podía llegarse a establecer toda una especie de “tratado hermenéutico”, si cabe el calificativo para el desarrollo del tema en cuestión. Así pues, voy a tratar de contribuir, desde mi experiencia alimentaria sobre tan exquisita planta herbácea que existe en versiones especiales (para mí) a saber: Iceberg (los cogollos son apretados y densos, semejantes a una col, su sabor es más insípido, pero gusta mucho por su textura), Romana (su cogollo es largo y erguido y las hojas son más finas, pero más consistentes. ¡Probadla!), Francesa (su cogollo es redondo y las hojas finas, aunque tiene un sabor delicado, es prolongado en el paladar) algunos la conocen como Boston. Luego, tenemos la llamada Batavia, muy parecida a la francesa y las hojas son muy rizadas. Lo cierto es que, es una planta muy digestiva y con muchísimo contenido de agua, especial para estas épocas de calor infernal. Pero, sin entrar en más detalles, y regresando a las variedades, cualquiera de las mencionadas anteriormente, aderezadas con una buena vinagreta de manzana e incluso si agregamos frutos secos, serán una exquisitez si además, las acompañamos de un buen vino blanco , y ¿por qué no?, de buena literatura, junto al mar, sabiendo que lo importante es sentir que no estamos violentando nuestro organismo con el consumo alimentario puesto que, hemos seleccionado las lechugas de agricultura ecológica, como también puede hablarse de animales cultivados a la vieja usanza, entonces, tanto si las preferencias son omnívoras como vegetarianas, dado el caso, así como hay animales que sólo son herbívoros y otros carnívoros, los seres humanos no dejaremos de ser animales, “pensantes” y por ello, capaces de discernir y “saber elegir” lo mejor, siempre y cuando, atente (porque todos estaríamos atentando con una comida u otra) lo menos posible contra el ecosistema que, finalmente es sabio y sólo nos pide no matarlo, puesto que por ende, nos estamos matando a nosotros mismos. Finalmente, ¿Qué hubiese pensado Satie al respecto? Tal vez que “un esteta es un señor que prefiere las verduras naturales a las conservas” (texto hallado a su muerte escondido en las maderas de su piano, o incluso ocultos metódicamente en sus cajas de puros).

    Un saludo Pablo.

    • pablogonz Says:

      Bienvenida, Lamicé:
      Un gusto tenerte por aquí. Gracias por tu comentario. A la vista de él se entiende aquello de que “los comentarios son la vida de un blog”.
      Un fuerte abrazo,
      PABLO GONZ


  17. Esta frase me ha fascinado!!! jaja

  18. nelida Says:

    No no piensa, encima te da miles de fundamentos para justificar acto despiadado y herbívoro jajaja


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