LA SALIVA DEL TIGRE/80

30 marzo, 2012

INSTINTO ASESINO

Suena la señal de paso. El ciego comienza a cruzar la calle. Lo arrolla un camión de fruta. En su jaula del primer piso, el loro mira para otro lado.

PABLO GONZ

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MI SEGUNDO CUMPLEAÑOS

28 marzo, 2012

Querid@s amig@s:

Mañana, jueves, 29 de marzo, este blog cumplirá dos años. Veinticuatro meses, ciento cuatro semanas, setecientos treinta días en que hemos compartido lecturas, opiniones, ideas, planes, risas, desasosiegos, indignación, rabia, ternura… Con todo ello mi aventura literaria ha podido seguir nutriéndose y creciendo, así que hoy puedo agradeceros a todos los que habéis pasado a visitarme, desde España, México, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Chile, Venezuela, Perú, Ecuador, Guatemala, Francia, República Dominicana, Andorra (¡hola, Josep!), Costa Rica, Reino Unido, Puerto Rico, El Salvador, Brasil, Honduras, Uruguay, Países Bajos, Bolivia, Rusia, Suiza, Panamá, Antillas Holandesas, Portugal, Indonesia, Emiratos Arabes Unidos, Tailandia, Turquía, Italia, Bélgica, Malasia, Austria, Paraguay, Islandia, Belize, Canadá, Alemania, Serbia…  porque con vuestros aportes hicisteis mi mundo un poquito mejor.

Este enorme abrazo multiversal de,

PABLO GONZ

CITA EN LA CUMBRE/67

26 marzo, 2012

«Lo que proporciona éxito a muchas obras es la relación que se encuentra entre la mediocridad de las ideas del autor y la mediocridad de las ideas del público.»

NICOLAS-SÉBASTIEN ROCH (CHAMFORT)

AQUÍ ENTRE NOSOTROS/57

23 marzo, 2012

POR EJEMPLO, EL FIN DE LOS TIEMPOS

–Lo veo clarísimo, Bidart. Nos dirigimos al fin de la Mar Océana. Ve y dile a los hombres que dejen de remar.

–A la orden, Sire.

–¿Y bien? ¿Por qué no dejan de remar?

–Les encanta la rutina, dicen.

–Bidart.

–¿Sire?

–Me cago en todo lo que se mueve.

–Y yo.

PABLO GONZ

VEROSÍMILES/55

21 marzo, 2012

Nuestros deseos siempre se cumplen porque son susurros del destino.

PG

LA SALIVA DEL TIGRE/79

19 marzo, 2012

PRIMER Y ÚNICO AMOR

La sigo por la calle, a una distancia de unos quince metros. Lleva una gabardina gris y el pelo recogido en un moño. Siempre me gustaron sus orejitas, sobresaliendo lo justo del cráneo, y cierta rigidez de su cuello que los taconazos acentúan. Gira sin pensárselo ante la puerta de un bar y entra. Cuando llego, la hoja de cristal aún se mueve. Reflejos que no me molestan. Ella, de pie entre los ruidos, junto a la barra, ante un gordo que la mira con asco. Recuerdo entonces (no sé por qué) nuestros paseos por la ronda de la muralla, las películas románticas que veíamos, los libros hermosos que intercambiamos. Y por eso me duele como una puñalada el beso desproporcionado que se dan. Él eructa después (lo oigo) y ella se ríe como una hiena. Enseguida los lentes de sol y los tacones que la sacan a la calle. Media manzana más allá ralentiza el paso, entra en el tanatorio y se asimila con timidez a uno de los corrillos que me velan.

PABLO GONZ

Le miré la oreja. Sí, la tenía pequeña y bien dibujada, sin pelos. También las cejas eran del todo femeninas; y la boca, a pesar del bozo gris que le cubría el labio superior. El resto de su anatomía adquirió sentido de pronto. Comprendí la forma exuberante de sus caderas y la presencia vívida de lo que en un primer vistazo consideré los pectorales puntiagudos y fofos de un hombre obeso. También comprendí por qué giraba la cabeza tan suavemente cuando debía mirar por el retrovisor y cómo es que accionaba los pedales con las piernas tan juntas. Lo que no comprendí, o no quise comprender tan rápido, es que detuviera el coche en seco, señalara a un lado y me dijese mirándome con ojitos de cerda: «Estación de Austerlitz, monsieur.»

PABLO GONZ

No se condecía con la aparatosidad de aquel corpachón que se desbordaba más allá del asiento y también por la ventanilla. Sus manos, muy hábiles en el cambio de marchas y en los giros –el volante iba cubierto con una funda de plástico marrón con taquitos–, eran globosas pero de dedos ahusados y uñas finas. Los brazos, aunque de forma grácil, eran más gordos que mis piernas e iban embutidos en una camiseta de color negro con símbolos incomprensibles, quizás de grupos heavies o de sectas satánicas. Recuerdo que temblaban un poco con cada bache y que los recubría un vello muy fino y lacio. «Parece como si se los peinara», me dije. Y entonces sospeché que se trataba de una mujer.

La primera vez que estuve en París fue de paso. Mi tren llegaba a la estación de Montparnasse y yo debía trasladarme a la de Austerlitz para continuar viaje hacia Estrasburgo. Las opciones para la conexión eran dos: o ratonear por el Metro tirando de mi mochila o irme en taxi, pagando un buen dinero, claro, pero disfrutando de la ciudad, aunque fuese de modo efímero. Me decidí por esto último, de manera que cuando el tren se detuvo bajo la enorme marquesina, salté al andén y corrí a la parada. «A la estación de Austerlitz –fue la frase que preparé–, pero lléveme por los monumentos.» Y al tiempo que arrancaba, el taxista me dirigió un gruñido que me sorprendió por su agudeza.

CITA EN LA CUMBRE/66

8 marzo, 2012

«Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.»

GROUCHO MARX

Una sidrería de la calle Fuencarral, una joven ingeniera que admira a García Márquez, un abstemio charlatán, un libro despedazado, un sobre amarillo que entra en un buzón amarillo…

¿Quieres saber en qué consiste el experimento “Gonz”?

Pincha aquí.

HOMENAJES LITERARIOS/38

5 marzo, 2012

A Miguel Baquero

TRÉBOL

Extiendo mis hojas hacia la luz. El universo me regala una ovación. Me destruye la bota del futbolista.

PABLO GONZ

MIS INVITADOS/31

2 marzo, 2012

Extracto de Vida y destino de Vasili Grossman

«Entre millones de isbas rusas no hay ni habrá nunca dos exactamente iguales. Todo lo que vive es irrepetible. Es inconcebible que dos seres humanos, dos arbustos de rosas silvestres sean idénticos… La vida se extingue allí donde existe el empeño de borrar las diferencias y las particularidades por la vía de la violencia.»