LA SALIVA DEL TIGRE/84

16 mayo, 2012

ELEMENTAL, QUERIDO WATSON

Precedido en cierta forma por su sonrisa, llena Sherlock Holmes de pronto la entrada del saloncito. Así que los suaves haldazos de su carrick de cuadros y el movimiento seco de sus iris celestes (hablamos, es casi obvio, de la interpretación de Peter Cushing) que corta como con ira el recomendable silencio de los reunidos. «Buenas noches», dice Holmes y extrae la pipa, la carga con los pulgares, se la incrusta en la boca sardónica. Torsión facial de inglés (esto es imprescindible) pero aun antes de fumar, ya pone su mano fría, como un filete de trucha, sobre el hombro estepario del cochero. «He aquí al asesino de Lady Margaret.» «Oiga –protesta el hombre–, yo no…» «Bueno, si usted lo dice» y Holmes enciende la pipa cerrando un poquito el ojo derecho (obsérvese la soberbia elevación de la ceja contraria). Pero ya se dirige hacia Mrs. Mipkin, íntima amiga de la finada. «Fue usted.» «¡Por favor! –con la mano en el escote–. ¿Cómo se atreve?» «Bien, bien, disculpe» y de nuevo la sonrisilla, los andares de romano, los garceos de la cabeza repeinada que reparten el humo de la pipa. Se fijan ahora sus ojos en Raoul, el hijo mayor de Lady Margaret. «¡Parricida!», grita Holmes. Pero «no», con una seriedad irrefragable y «¡ella!», la hermana de Sir Robert. «¡Jajajá!» «Entonces fue… –el dedo huesudo contra– ¡la cocinera!» «¡Yo amaba con locura a la señora!», y la mujer rompe a llorar desde dentro de sus enormes tetas (síntoma de que no miente). «Pit, el jardinero.» «Nones» (con acritud). «Harris.» «Yo llegué hace media hora.» «¡Cómo no! –ríe en arco el detective– El… propio… Sir Robert.» «¡Me insulta, caballero!» Así que «¡usted, doctor Watson! –y un mechón de pelo acera la mirada vesánica de Holmes a la vez que araña su rostro perlado (tiene que ser perlado) de un sudor saladísimo–. Usted la asesinó. ¡Lo sé! ¡Lo sé!», incluso salta un poquito sobre su histeria. «Es cierto –proclama Watson y se yergue con metódica flema–. Yo maté a Lady Margaret. Pero antes de que me encarcelen, quisiera saber una cosa: ¿cómo logró resolver este abstruso caso, Mr. Holmes?» «Bueno, pues la verdad es que…» En ese momento crecen tumbos por la escalera. Y llegan. Lady Margaret y dos hombres vestidos de blanco. «¡Ese! –indica la mujer–. El del carrick.» Y «¡por fin!», suspiran todos levantándose.

PABLO GONZ

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21 comentarios to “LA SALIVA DEL TIGRE/84”

  1. pablogonz Says:

    Muy contento hoy porque publico este micro, que me gusta mucho. También porque “La saliva del tigre” apareció muy bien situada en la lista de los mejores libros de microrrelatos que ha organizado Manu Espada en su blog.
    Más o menos jodido porque estoy enfermo del estómago y porque mi coche se echó a perder.
    O sea, la vida misma.
    Un fuerte abrazo a tod@s,
    PABLO GONZ

  2. AGUS Says:

    El Viernes recibí, gracias a Miguel Molina (99 palabras), el libro que gentilmente cediste al concurso. Así que gracias, Pablo.

    Abrazos.

  3. Arte Pun Says:

    Hola Pablo, me gustó el relato, diría que un poco se ve venir, no exactamente eso, pero sí cualquier cosa.
    Bueno he llegado rebotado desde creo el blog de Ximens, en donde comentas que comiste migas en Villafranca de los Barros, yo soy de por allí, ¿y tú, se puede contar qué hacías por allí?.
    Gracias. Un abrazo

    • pablogonz Says:

      Bueno, si se ve venir cualquier cosa es como si no se viera venir ninguna. Dicho esto en mi descargo, te cuento que fui a Villafranca hace muchos años acompañando a un viejo amigo que es de allí. Se llama Antonio Vázquez Mancera, quizás lo conoces. Nuestra experiencia gastronómica fue muy bonita (prácticamente fuimos a comer migas): llegamos un día de invierno y nos metimos en una cocina con lumbre de leña a conversar y a beber vino. Al día siguiente desayunamos las deliciosas migas de las que hablamos.
      Un abrazo fuerte,
      P

  4. Ximens Says:

    He tenido que leerlo dos veces. La primera vez no le veía la gracia y me he dicho qué torpe soy. En la segunda por fin me entero, jope, si lo iba pensando por el camino, este tipo está como una cabra. Aclarado esto, debo felicitarte por el recorrido literario: los gestos, las expresiones cuidadas.
    Veo que las migas dan para nuevas amistades, De ahí la expresión “hacer migas”.
    Un abrazo,

    • pablogonz Says:

      Sí, a lo mejor me engolosiné de más con los gestos del personaje y eso opacó un poco la acción. Tomo nota y sigo aprendiendo.
      Un abrazo migado,
      P

  5. Yun Says:

    Ja, ¡elemental! Me gustó el primer enunciado. Saludos y felicidades.

  6. Susana Camps Says:

    Decididamente, es mucho mejor este microrrelato y la inclusión en la lista de Manu que un poco de dolor de barriga y un coche/auto cascadito. Tienes la balanza a tu favor.
    Besos

  7. anitadinamita Says:

    Ja ja ja, está genial, yo también he tenido que hacer la segunda lectura, pero realmente gana mucho con ella. En la primera me he metido tanto en la historia que no era capaz de salir para ver la escena!!!
    Muy bien, Pablo, hay que cogerle cariño a relatos así.
    Abrazos con cuerda

    • pablogonz Says:

      Me está pareciendo que me quedó un poco más exigente que los otros. Eso de requerir segundas lecturas indica que habría mucho que depurar. En todo caso, que Holmes se vuelva loco no es, en sí, materia para un micro. Sí, quizás (ya tengo mis dudas) el modo en que se demuestra que se volvió loco.
      Un abrazo automático,
      P

  8. Arrimados a la sombra Says:

    Para mi sorpresa no tuve que volver a leerlo. Eso sí, lo hice despacito y admirando la buena letra. Muy bueno, de verdad y con un lenguaje certero.
    Abrazos admirados,
    Ana

  9. Cybrghost Says:

    Siento lo de tu coche y lo de tu estómago, tanto de forma independiente como si está relacionado. Un tremendo ejercicio de subrealismo este relato, o al menos así lo vi yo desde la nebulosa de mi primer café de la mañana.

  10. vittt Says:

    lo he leído cuatro veces, la primera lo entendí (a mi manera por lo menos), las siguientes dejé que me corroiera de envidia. las perlas de sudor maldon, la mano al escote (amo los escotes) y que la verdad reside (lo sabía!) en el interior de unas enormes tetas… pablo, eres un cabrón.
    ya sólo me queda vivir para saber quién será el segundo mejor blog de microcuentos…

    • pablogonz Says:

      Bueno, con el pie que me das, me arranco la modestia de una fucking time. Tienes razón, Vittt. Este micro me salió de la leche misma. Lo siento, lo siento. No volverá a suceder.


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