MADRID/LA SANGRE–4

12 abril, 2013

Jordi Monrás jamás imaginó que un día se vería así: vestido de soldado y además en Madrid. Avanza por un pasillo muy limpio (sus botas nuevas crujen sobre las baldosas) con un teletipo que debe entregar al subteniente González, despacho 208. Le han advertido que tenga cuidado con el subteniente porque está bastante loco. «¿A qué se pueden referir con eso?», se pregunta mientras avanza entre los rótulos de las puertas. «Aquí está. 208. No hay nada especial que hacer. Llamar, entrar, saludar, entregar el teletipo y esperar órdenes». Jordi hace las primeras dos cosas (llamar y entrar) pero encuentra el despacho vacío. Está el escritorio del subteniente. Y está su guerrera, colgada de una percha. Están sus carpetas abiertas. Pero él no. Jordi se dispone ya a retirarse cuando escucha una vocecita que dice: «¡Gilipollas!» Vuelve entonces al centro del despacho y presta atención: «¡Gilipollas!» Alguien ha dicho «gilipollas», eso está claro, pero ¿quién? A la tercera, Jordi se fija mejor y se da cuenta de que dos ojitos le miran desde una ranura horizontal que se abre en la caja del escritorio. Es el subteniente González. «A sus órdenes», dice Jordi mirando de cerca a esos ojitos, y el subteniente sale de su escondrijo sacudiéndose las rodillas del pantalón. «¿Qué hay?», pregunta muy serio. «Un teletipo, mi subteniente». «Ah, muy bien. Démelo». «¿Ordena algo, mi subteniente?» «No, nada. Retírese».

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27 comentarios to “MADRID/LA SANGRE–4”

  1. pablogonz Says:

    Y mucho ojito, mis queridos contertulios, porque esto me sucedió a mí. Entiéndase que yo ocupo la posición del soldado Monrás.
    Vale, pues un abrazo para el fin de semana y a pasarlo bien,
    P


  2. Pero reconoce que alguna vez has sido unos ojillos agazapados en un cajón…
    Me encanta!
    Un abrazo de viernesquebienyatenemosaPabloGonzporaquí

    • pablogonz Says:

      Sí, lo reconozco. De otro modo, no hubiera podido descubrir al subteniente González. Por cierto, él se apellida así mismo y existió (quizás aún exista) en el cuartel donde yo serví. Hacía esto que se cuenta aquí y también humillaba ritualmente al sargento de mi oficina. En la oficina había una viga que cruzaba el techo: aparecía el subteniente y le ordenaba al sargento que saltara para tocar la viga. Era imposible que la alcanzara pero se lo ordenaba una y otra vez, cada vez con más violencia, y el sargento tenía que saltar y saltar. Nos lo pasábamos en grande, todos: incluido el sargento.
      Un abrazo del tipo conlavidaquehetenidocreoquesecomprendeelsurrealismo¿no?
      P

  3. Rosa Says:

    Yo no fui a la mili, pero, la de historias que me he comido…Situaciones surrealistas y gente rara se dan en todas partes, pero cuando usan pistola asustan un pelin.

    Besos desde el aire

    • pablogonz Says:

      Las historias de la mili son un claro subgénero del cuento o de la anécdota. Pasa como con los chistes: cuando se empieza con ello, no hay modo de terminar.
      Un gran abrazo, Rosa.
      P

  4. Nani Says:

    ¡Que situación y como cuentas, lo más gracioso es que no es ficción!! La mili y sus cosas…
    Me alegra saludarte de nuevo.
    Besicos muchos.

  5. Puri Menaya Says:

    Pues menos mal que Jordi vio el par de ojitos, si no con los humos que gastan estos militares…
    Un abrazo, Pablo

    • pablogonz Says:

      Mi subteniente era un hombre muy cordial, sólo puedo decir eso. También es cierto que estaba loco pero eso no le impedía desempeñar un puesto de responsabilidad en el servicio de inteligencia del Ejército del Aire.
      Abrazo tipo ains,
      P

  6. antonio1970 Says:

    Quizas buscaba sus galones debajo de la mesa, digo yo…
    con estos militares nunca se sabe, me acuerdo de nuestro sargento en Ceuta que salia fuera del cuartel a emborracharse, y luego al volver tenia que saltar la valla para que no lo pillaran…pero eso es otra historia.
    saludos Pacificos.

    • pablogonz Says:

      Son historias bonitas, como de colegios llenos de niños grandes, con pistola y bigote. Hay surrealismo ya en el mero intento de militarizar a un grupo más o menos heterogéneo de latinos.
      Abrazos transpacíficos,
      P

  7. Susana Camps Says:

    Me alegra mucho que vuelvas a publicar aquí. No he pasado hasta ahora, pero he hecho la lectura de los cuatro Madrid/La sangre de una tacada. Me gustan estas escenas (recortadas con manos de orfebre) de un pasado no tan lejano. Cada una tiene su encanto peculiar, y el conjunto una coherencia atractiva.
    Un fuerte abrazo

    • pablogonz Says:

      Estoy pretendiendo todo lo que dices, Susana. Escribir con esmero es una de las dos maneras extremas de escribir (practico esta aunque también probé con la otra). Que cada escena posea algo propio (tú lo llamas encanto, gracias) me parece esencial como una justificación formal. Y, por último, que entre todas alcancen un aire de familia, magnífico. En cierta forma me pasa con estos textos lo mismo que con los 26 protagonistas de mi primera novela (“Los hijos de León Armendiaguirre”). Era tan difícil ponerles rostro a todos que al final pasaban a considerarse como un único personaje (o las diversas facetas de un único personaje).
      Abrazo grande,
      P

  8. Guess Says:

    Me alegro de que el subteniente te ordenara retirarte sin mas. Si en lugar de eso le da por mandarte saltar bajo su escritorio, pongamos por caso, intuyo que los efectos y, eventualmente, el tono de esta historia hubieran sido diferentes. Por cierto, ¿que diferencia hay entre un sargento y un subteniente? Con placer.

    • pablogonz Says:

      Claro que hubiera sido diferente la historia. En el ejército español (al menos en el del Aire) la lista de mando era, hasta donde yo recuerdo, así:

      Soldado
      Soldado primero
      Cabo
      Cabo primero
      Sargento
      Sargento primero
      Brigada
      Subteniente
      Alférez
      Teniente
      Capitán
      Comandante
      Teniente-coronel
      Coronel
      General de brigada
      General de división
      Teniente-general
      Capitán-general (que es sólo el Rey).

      Un abrazo, Guess,
      P

      • Guess Says:

        Vaya Pablo, yo pensaba que el sargento saltaba ya a oficial pero, a juzgar por tu lista, veo que era ir directamente para arriba (facil es suponer que hubiera acabado el pobre estrellado y no con estrellas).
        Muchas gracias por tan prolija documentacion. Espero que por eso no me deniegues futuras invitaciones, yo te prometo que pensare para no hacerte trabajar
        ¿Vale?

      • pablogonz Says:

        No le tengo miedo a la memoria, Guess. Ni al trabajo. Así que no te preocupes.
        Un abrazote,
        P


  9. ¡Qué bueno, Pablo! Contando con el tiempo, este -hoy- puede ser Teniente coronel. ¿En qué manos tenemos los cañones de este país?

    Un abrazo.

    • pablogonz Says:

      Fíjate que justo por encima de subteniente, ya vienen los oficiales (Alférez, etc). Así que mi subteniente tendría que volver a la academia. Y no creo que lo admitiesen.
      Abrazos grandes,
      P

  10. Josep Vilaplana Martinez Says:

    Hice el servicio militar en aviación (Zaragoza) -otra más de las innumerables coincidencias que nos confunden- en aquella época en que te dejaban escoger entre hacerla o ir a prisión y fue una experiencia fantástica, claro está en el sentido más literal que se le puede dar a la palabra fantasía: “facultad de la mente para representarse cosas inexistentes; cosas que no tienen fundamento real”. Por primera y última vez en desacuerdo contigo, mi querido yo: la mili no da para un subgénero, sino para todo un pedazo de género literario que podríamos ubicar entra la novela de terror y el cómic manga. Sillas arrestadas, multitudinarias coreografías con escasísimo glamour, oficiales poco leídos, suboficiales menos leídos que los oficiales, pulgas reenganchadas, curas castrenses que no castrados y un sinfín de personajes y situaciones de primer orden sin genero que pudiese dar una mínima cobertura a semejante filón. Ese subteniente González que tan bien perfilas -se agradece- es la pura imagen de la enajenación de un orden innecesario. Algo parecido a recibir la orden de coser nubes con los pies.

    Un abrazo de frente y en paso ligero, mi querido Pablo.

    • pablogonz Says:

      Un abrazo también para ti, mi querido par.
      Desde luego los que vienen detrás de nosotros (los que no hicieron la mili) ganarán un año de sus vidas (de acuerdo) pero se perderán de miles de motivos para la sonrisa.
      Cuidate mucho,
      P

  11. eva Says:

    ¡Y miles de anécdotas con las que taladrar a sus congéneres!
    Muy bueno, Pablo.
    Ya sabes, sin prisa, pero escribe.
    Beso con….¡¡¡¡¡¡SOL, SOL, HACE SOL, SÍ, POR FIN, SOL EN CORUÑA, CHUPI!!!!!

    • pablogonz Says:

      Después de dos años de sequía absoluta, voy pariendo algunas cosillas: ideas, formas, algunas situaciones. Tranquilo, tranquilo.
      Por otro lado, temo el sol de Coruña porque significa nuestra inmersión (eso, inmersión) en el invierno.
      Besazos a cascoporro,
      P

  12. Cybrghost Says:

    Demasiado extraño para ser ficción, tenía que ser real.

    • pablogonz Says:

      Así que los escritores, en su búsqueda de escenarios sociales extraordinarios, acaban cayendo en lo anecdótico.
      Bueno, se acepta la paradoja.
      Abrazos grandes,
      P


  13. Jeje, qué bueno. Son las cosas de los militares suboficiales, que casi siempre son tarugos. Los otros son “salvadores”. Muy bien escrita la escena. Supongo que ese subteniente era de tanques, que el ejército se llamaba caballería, mira que burros. Palabra de alférez.


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