MADRID/LA SANGRE–6

25 abril, 2013

Es la una y media de la mañana del día uno de enero, y los jóvenes se juntan para acudir a las fiestas de Nochevieja. Ya han cenado, ya se han comido las uvas en familia, ya han hecho los brindis de rigor, y ahora se disponen a pasarlo bien bebiendo y bailando. Algunos llevan traje con corbata —es la única vez en el año que lo usan— pero la mayoría van más cómodos: quizás con la camisa que sus papás les regalaron en Nochebuena y con un abrigo, «que luego, cuando salgáis, va a hacer biruji». Uno de los típicos lugares de encuentro es la glorieta de Cuatro Caminos, debajo del scalextric. Cientos de jóvenes se reúnen allí formando grupos más o menos repeinados de los que se elevan nubes de humo. Se habla mucho y muy fuerte, hasta que algo se empieza a mover entre unos cartones que nadie había visto. Surge entonces una faz horrible: los ojos guiñados por la luz, la nariz atravesada por una cicatriz reciente, la boca entreabierta y espumosa: «Eh, vosotros, ¿qué pasa?». Alguien responde: «Es Nochevieja». Un mohín de desprecio o de asco antecede al momento en que este hombre dice: «Vaya panda de gilipollas». Enseguida se da media vuelta tapándose de nuevo con sus cartones.

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19 comentarios to “MADRID/LA SANGRE–6”

  1. pablogonz Says:

    Estimadérrimos, allá va el sociopost de hoy, en recuerdo de la gente que vive en la calle, de gente parecida a los que escribieron “¡No calles!”
    Un abrazo hermanador para todos,
    P

  2. silvia Says:

    Oh Pablo, que buen relato, me ha llegado. Mira yo vivo en el campo y esto lo pude apreciar cuando en ocasión de la feria del libro he tenido que viajar después de 20 años y reencontrarme con la gran ciudad de Buenos Aires. Francamente una cosa es leer sobre estos descastados y otra cosa toparse de nariz con la problemática de la calle. Bueno te quería saludar y compartir. Un abrazo

    • pablogonz Says:

      Gracias por tu comentario, Silvia. Y por tu saludo. Estos temas, creo yo, mientras sean moneda corriente en nuestras ciudades, deben seguir siéndolo en nuestros libros.
      Abrazos grandes,
      P

  3. antonio1970 Says:

    Pablo, como tu bien sabes, “el sistema” hizo a los unos y a los otros, yo personalmente siento mas pena por el sistema que por los unos o los otros (en los que estoy incluido, en este momento mas cerca de los cartones, que de las camisas).
    Desde mi ignorancia de la literatura, encuentro este texto, que esta escrito algo diferente a los anteriores, no se…quizas mas real y menos ironico?. En cualquier caso gran saludo y adelante por la senda marcada.
    Antonio.

    • pablogonz Says:

      El tema, a veces, no da para la ironía. De hecho, puede llegar a resultar ofensiva para la sensibilidad. Esto es algo que un artista no puede permitirse. El otro día alguien me hacía ver la cosa con un ejemplo muy sencillo: si bajo el mismo cielo vemos a obesos mórbidos que sufren por ser obesos y a gente famélica que sufren de hambre, es que no hemos sabido construir bien nuestra sociedad.
      Un abrazo grande,
      P

  4. Cybrghost Says:

    Es que cuando les da, ni el descanso les respetan.

    • pablogonz Says:

      Pues por ahí parte el respeto. Hay personas que creen que la gente de la calle es culpable absoluta de su situación. A mi juicio tienen parte de responsabilidad, sin duda, como todos los seres humanos en cuanto a sus actos y las consecuencias de éstos, pero muchas veces se olvida que son principalmente las limitaciones (esas barreras que desde el otro lado impone la sociedad) lo que empuja a estas personas a su desolado no-refugio. Tiendo a comprender que esto le sucede a todas las poblaciones marginales. Y ese sería el problema. ¿Cómo podemos apartar a un miembro de nuestra sociedad, empujarlo al margen, a la absoluta soledad? Un duro castigo para un ser tan gregario como el hombre.
      Abrazo enorme, Miguel Angel.
      P

  5. Puri Menaya Says:

    Reflejas ese brutal contraste entre los que lo tienen todo y el que no tiene nada. Espero que los jóvenes aprendieran algo de ese encontronazo con la otra realidad. Ahora, desgraciadamente cada vez la tenemos más cerca.
    Abrazotes

    • pablogonz Says:

      Este episodio lo viví yo personalmente: me impresionó, así que puedo asegurarte que en alguien por lo menos sí tuvieron efecto las palabras del “homeless”.
      Un abrazo fuerte,
      P

  6. Guess Says:

    Tambien podias haber puesto el foco en el sector inconformista, siempre presente en cualquier gran grupo que se precie. Ese dispuesto a cruzar fronteras, romper barreras o incluso encontrar, extremando su audacia, posibles simbiosis con el lado oscuro de la vida y la sociedad. Hubiera podido surgir asi un dialogo bastante interesante. No digamos ya si, hablando, hablando, hubiera revelado el mendigo que lo que le hacia tener tan mal caracter era que guardaba un tesoro bajo el culo.

    No calles, no.


  7. La pobreza…te sale de la humanidad, aùnque seas humano… Son los demàs que tienen que cuidar el lazo entre ellos y tu…si son capaces de pensar, quizas hacerlo. Gracias a ti, Pablo, por traducir de esta manera sensible nuestra realidad!
    Abrazos de cuatro caminos!!!!

    • pablogonz Says:

      Lamentablemente vivimos en sociedades demasiado grandes donde es muy fácil ignorar a quien no conocemos. Este es el lado oscuro de la globalización: la mal llamada impersonalización. En realidad seguimos siendo personas pero mucho más pobres que antes (aunque tengamos más riquezas).
      Un fuerte abrazo, Marie-Claude.
      P

  8. Josep Vilaplana Martinez Says:

    Pienso que el gran desequilibrio, la feroz injusticia, se da en el ámbito de las oportunidades (contexto, conocimiento, sociabilidad, dignidad, actividad -mal llamada trabajo-, etc…). Vistas aisladamente, siempre me ha sido difícil “entender”, y mucho menos categorizar, las distintas “clases” sociales, por llamarlas de algún modo sin duda imperfecto y simplista. Lo que si soy capaz de ver con cierta claridad es la forma en que esas oportunidades puede configurar la vida de una persona (esas clases sociales serían poca más que las etiquetas -las agrupaciones imperfectas- que cada persona se cuelga, o le cuelgan) . La “situación” en si, no por frecuente menos dramática, me lleva a pensar que la distancia entre cartones y camisas suele quedar bien delimitada en la linea de salida. Cualquier Navidad queda muy lejos de donde se produjo la fractura.

    Me sabrás perdonar, Pablo Josep, semejante batiburrillo…

    Un abrazo enorme.

    • pablogonz Says:

      Nada que perdonar sino mucho que agradecer, querido par:
      sin duda, cada uno venimos de fábrica con una genética, un contexto, una capacidad mayor o menor de desarrollarnos, todo lo cual nos condiciona (no creo que nos determine porque a veces la voluntad obra milagros muy curiosos). A los marginales la gente suele echarles la culpa de su marginalidad, sin valorar todo lo que hablábamos antes, y sobre todo sin darse cuenta de que una cosa es el éxito individual y otra muy distinta el éxito social. Nuestro conglomerado (me duele llamarlo sociedad) es un tremendo fracaso compuesto de tremendos éxitos y algún que otro tremendo fracaso. En conjunto nos sale mal la jugada. Parecemos una mano de dedos muy largos (algunos rotos), en vez de una buena mano con sus partes comunes (la palma) y sus partes propias (los dedos). Falta organicidad.
      Un abrazo primaveral pirenaico,
      P


  9. Sabio callejero. Hoy en día sospecho que todos los días son nochevieja, noches arrugadas.


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