MADRID/LA SANGRE–7

2 mayo, 2013

Felipe Reyera, Felipón por lo corpulento, se pasa la vida trabajando en una mina de talco, allá en los viejos Montes de León, y una vez al año viaja a Madrid para asistir al Sorteo de Navidad. Ya en el salón de loterías, se preocupa mucho de salir por la tele. Lleva contadas diecisiete apariciones públicas y dos millones de pesetas en pérdidas. Como nunca le toca nada, al salir suele estar triste y entonces parece menos alto. Tal es su aspecto ahora mismo, cuando avanza con los pies al arrastre por un largo corredor hacia el andén donde tomará el metro que lo llevará a la estación de autobuses. Piensa en su mala suerte mirándose las rodillas y por eso le sorprende el tipejo que se le ha parado delante. Es uno de esos que se llaman punkis. Lleva botas militares, pantalones ajustados, cazadora de cuero y una cresta de color rojo. Además, se ha puesto una carlanca en el cuello, de las que los pastores les ponen a los mastines. «¿Y éste?», se pregunta Felipón, al tiempo que por su mirada se da cuenta de que detrás tiene a otro. No se lo piensa dos veces. Coge al primero, lo levanta en vilo y lo tira contra el segundo. Luego los mira un momento, retorciéndose en el suelo, y sigue adelante.

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23 comentarios to “MADRID/LA SANGRE–7”

  1. pablogonz Says:

    Esta historieta me la contó el propio Felipón, de quien aún tengo mucho que escribir.
    Abrazos circunferenciales, por supuesto.
    P


  2. Jope con Felipón, tiene un algo dentro que me hace temblar.
    Un abrazo

  3. antonio1970 Says:

    Historias del metro, se podria escribir un libro entero sobre eso (aunque seguro que ya hay alguno).Como usuario que fui, en el de Barcelona, puedo imaginarme la escena que relatas en tu narracion. En el de Madrid solo estuve en par de veces, y una de ellas con historia de navaja incluida, por suerte no paso a mayores.
    Saludos underground.

    • pablogonz Says:

      Vaya, entre mi cuentecillo y tu anécdota vamos a construir una imagen deleznable del metro de Madrid. Los que lo hemos usado mucho sabemos que no es tan terrible.
      Un abrazo a través de la tierra,
      P

  4. Nani Says:

    Interesante personaje e historia, ¡Cuenta, cuenta…!!
    Besicos muchos.

    • pablogonz Says:

      Ahí va una: Felipón trabajaba todo el día en la mina de talco y por la tarde cuando volvía al pueblo, como era un verdadero toro, se ponía a ayudar a sus vecinos a descargar fardos. Para hacerle el peso a Felipón hacían falta cinco hombres colocando fardos en la tenada (pajar) y luego venía lo peor: había que darle de cenar (ese era su pago). Comía mucho y comía rápido porque tenía que ir a ayudar en otras casas (donde también le daban de cenar). En una tarde normal (después de todo un día moliendo talco con un bocarte) se descargaba cinco carros de hierba y cenaba otras tantas veces. La última persona del mundo con la que me gustaría pelear.
      Un abracico, Nani.
      P

  5. Cybrghost Says:

    Carácter. En el mejor sentido del termino.


  6. Ese Felipón es una mina

    • pablogonz Says:

      Otra historieta de él: era inclusero. Nació (se supone que) en Madrid pero alguien de nuestro pueblo lo trajo para que trabajase allí. Se crió segando, ordeñando, cortando leña. Y muchos años después aparecieron unos que decían que eran sus familiares. Una señora vino con el cuento de que era su madre, y al final resultó que esa familia nueva (quizás soñada) a él le costaba mucho dinero porque venían al pueblo como una docena y se quedaban todo el mes. Total que los mandó a paseo y siguió siendo solitario y bonachón.
      Bueno, ya irán saliendo más historias de Felipón.


  7. No se sabe su la fuerza se la da el trabajo en la mina o su mala suerte.
    Están bien estas escenas que nos presentas.

    • pablogonz Says:

      La fuerza a éste se la dio la naturaleza y la propia práctica. Léanse las historietas de comentarios anteriores. Gracias por tus comentarios, Javier.
      Un saludo,
      P

  8. Guess Says:

    Confirmanos, Pablo, por favor, que cuando Felipon se dio la vuelta no resono a sus espaldas ese inapelable apelativo que ya comparten varios de los personajes que por este blog tuyo han transitado y que, si cierto es que hasta ahora ha estado siempre bien traido, no lo es menos que el tal apelativo haria que a cualquier niño, por grande que fuera, se le saltaran las lagrimas hasta el punto de agriar cualquier cosa que no sean los polvos de talco.

    (Que Felipon no lo oiga, por lo menos, hasta que haya alcanzado los montes de Leon).

    Un abracillo con ruedas, por si aca.

    • pablogonz Says:

      Me pones en ascuas. No sé a qué apelativo te refieres pero a Felipón no se le podía llamar cualquier cosa sin arriesgarse a acabar en la UVI.
      Un abrazo como sea,
      P

      • Guess Says:

        Gilipollas.

        (Di que a Felipon no se lo dicen, por favor, salvo cuando esta en el monte, ya que por las referencias que nos das sabemos que el talco que puede hacer es tanto que, sea como sea, bien podria sepultar al punki mas lenguaraz bajo quintales de tan gris materia. Porque ademas es agarrao, el tio, con lo que aun le quedara mas prieto. E inocuo, condicion ideal para no dejar en ascuas al oponente. Esto ultimo es, sin duda, lo que mas nos gusta de el).

      • pablogonz Says:

        En los montes de León no se utiliza la palabreja. Por otro lado, los punkies criminalizados como estos deben de usar otros términos para referirse a sus víctimas.

  9. Josep Vilaplana Martinez Says:

    Mi hermanísimo del alma toda, te agradecería me facilites e-mail (me imagino que improbable) o última dirección conocida de tu/nuestro querido Felipon. Verás, aquí en este pequeño territorio hay censados unos 3.783 cretinos (3.784 si tenemos en cuenta mi frecuente itinerancia a un y otro lado de dicho censo) a los que se suele distinguir por llevar pegatinas en el coche con la silueta de distintos animales dudosamente ejemplares (toros, jabalis, ciervos, burros, etc…). Pues bien, dado mi oficio, un Felipon de acompañante en el autobús me iría como anillo al dedo. Ante cualquiera de las burradas que tengo que soportar a diario, un sólo dedo, el que pulsa el interruptor que abre la puerta delantera, y Felipon resuelve de forma satisfactoria y definitiva el problema. Sería algo así como llevar un maestro cuyo saber pudiera comprimirse no en diez cursos, sino en dos tortas.

    Ya me dirás (el sueldo ha de ser necesariamente modesto; en lo referente a la comida ningún problema: el huerto es generoso y el gallinero también).

    • pablogonz Says:

      Hace años, mi querido hermanísimo, que no sé nada de nuestro ya Felipón, a quien podríamos adoptar cautelarmente, por lo que no puedo asegurarte que yo me haga el propósito de encontrarle, que lo encuentre, que me atreva a proponerle tu plan, que él lo entienda, que lo acepte y que lo ponga en acción. Lo que sí puedo asegurarte es que tu generoso huerto y tu generoso gallinero (a no ser que tengan la extensión del Nou Camp) no le van a ser suficientes.
      Abrazos cautos, pues,
      P

  10. carlos Says:

    Querido Pablo, gracias por compartir estas píldoras castizas. Por alguna razón, me transmiten serenidad y las leo (y disfruto) con la misma calma con la que leo una novela de 500 páginas.
    Te dejo un abrazo. Aunque no me prodigue en comentarios, no dejo entrada tuya sin visitar.

    • pablogonz Says:

      Muchísimas gracias por tus lecturas, Carlos: agradezco tu silencio lo mismo que tus comentarios; y me agrada saber que estas piezas son para ti vehículo de serenidad. Es una buena cosa, muy necesaria en el mundo.
      Abrazos incondicionales,
      P


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