MADRID/LA SANGRE–10

13 junio, 2013

Carl Carlsson, natural de Jönköping (Suecia) trabaja para la farmacéutica Ferring de Malmö y ha venido a Madrid para ingresar datos informáticos sobre unos ensayos clínicos que se están haciendo en toda Europa. Carl no tiene ni idea de español pero desea aprovechar las tardes para aprender un poco. Por eso, nada más llegar, preguntó por una buena librería y se fue a comprar un método de idiomas con CD. Hoy, día 22 de enero, Carl se encuentra muy feliz pues ha conseguido formar su primera frase compleja en español: «Por favor, ¿puede decirme cuánto cuesta esto?» Repite la frase varias veces y se da cuenta de que no la olvidará nunca. Quiere utilizarla. Mira su reloj. Son las ocho y veinte de la tarde. Sabe que en España los comercios cierran a las ocho pero de todas maneras sale a la calle. «Con los latinos nunca se sabe». Carl está alojado en el hotel Miguel Ángel. Hace frío pero nunca tanto como en Suecia. No le hacen falta ni el abrigo ni la bufanda. Caminando por Miguel Ángel ve que no hay ninguna tienda (ni abierta ni cerrada) así que tuerce a la derecha y se interna por García de Paredes. En esta calle sí que hay tiendas pero todas están cerradas: galería de arte, supermercado, todo a mil, fotografía… Dos manzanas más allá, el sueco encuentra una iglesia. Está abierta pero se da cuenta de que allí no puede emplear su frase. Gira de nuevo a la derecha y ve un bar. Está vacío pero abierto. El camarero lee un periódico en la barra. Seguramente cuenta los minutos para marcharse a casa. Carl empuja la puerta y entra. «Buenas noches», dice con su fuerte acento nórdico. «Buenas —le responde el camarero—, ¿qué va a ser?» Carl no contesta. Se acerca a la barra e indica una bandeja cuadrada que contiene algo que nunca ha visto (mejillones rebozados): «Por favor, ¿puede decirme cuánto cuesta esto?» El camarero responde mirando a una lista de precios que hay clavada en la pared (lo cual evidencia que ha comprendido perfectamente), y añade: «¿quiere una racioncita?» Pero Carl, que no ha entendido ni jota, mira al camarero con ojos asustados y se marcha sin despedirse. Con el arrobo se le olvidó hasta cómo se decía «adiós».

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19 comentarios to “MADRID/LA SANGRE–10”

  1. pablogonz Says:

    Estimad@s:
    Tras algunas semanas sin publicar textos (con letras), retomo la crónica neocostumbrista de “Madrid/La sangre”.
    Espero que tengan un buen final de semana.
    Abrazos grandes,
    P

  2. anitadinamita Says:

    Me recuerda a cuando estuve en Grecia, las doñas atendían sus tienditas y podías manejarte en inglés, pero si te salías de lo típico ya no tenían ni idea, y yo de griego ni papa.
    Me surge una duda con la frase «…ve que no hay ninguna tienda (ni abiertas ni cerradas)», yo hubiera puesto en singular abierta – cerrada, pero no sé si al ponerlo entre paréntesis se permite la licencia… ya me cuentas.
    Abrazos

  3. Fred Vivès Says:

    Pero es la vida de mi marido que estas contandonos… ¡Qué gracia! Es lo que deberian leer todos los jóvenes que no hacen el esfuerzo para aprender un idioma. Que sea para un trabajo futuro o, quizás lo que les interesa mas, para unas vacaciones, es algo muy importante ahora…(silencio, los ancianos estan hablando).
    Abrazos Pablo

    • pablogonz Says:

      Son crónicas neocostumbristas: normal que nos reconozcamos en ellas. 😉
      Los idiomas son algo maravilloso, ¿verdad? Y la oportunidad de aprenderlos, de recorrerlos hasta llegar a comunicarse con otra persona, algo tan misterioso y apasionante.
      Un enorme abrazo para ti,
      P
      PD.: Hace un tiempo publicamos en Valdivia un libro que se llama “¡No calles!”. Son testimonios de personas que viven en la calle en situación de indigencia. Ahora el libro lo están traduciendo al francés, y quizás en su momento se publique en Francia.

  4. Silvia Says:

    Que buen relato! me dió mucha gracia. de tan real. buen jueves Pablo

  5. antonio1970 Says:

    Es curioso como todo es relativo en esta vida, situaciones como la que describes, las vivi desde el lado del observador cuando vivia en Spain, ahora que vivo en un pais extranjero yo soy la victima. Ahora me “sonrio” de mi ignorancia en vez de la de los demas.
    Saludos fresquitos Pablo.

    • pablogonz Says:

      Viajar es siempre muy enriquecedor y vivir en un país extranjero aún más. Yo también he pasado (y paso cada día) por situaciones como esta, a pesar de la comunidad de idioma con los chilenos.
      Un abrazo recién horneado,
      P


  6. Un texto muy propio ahora que voy a cruzar la frontera jajaja. Por cierto te dejaste las tildes de “Ángel”.

    • pablogonz Says:

      Convencido toda la vida de que las mayúsculas podían acentuarse o no, según el gusto, pero compruebo que para la RAE las tildes son siempre obligatorias. De esta no se me olvida. Muchas gracias.
      ¿Adónde te vas?
      Abrazo grande,
      P

  7. Guess Says:

    Despues de mucho meditar, creo que le he sacado varios fallos a Carl en su faceta de aprendiz de idiomas:
    1)Se compró un CD que no llevaba videos incorporados.
    2)No vio que la coartada perfecta para poder decir su frase en la mismisima iglesia y sin asustarse era pedir la traduccion.
    3)Cuando todavia era momento adecuado, no recurrio a la enseñanza publica para aprender, entre otras lenguas, esta en la que tu y yo nos estamos comunicando ahora.

    Abrazo de pega, que no de tecnica lingüistico-pedagogica


  8. Precioso, quedé con una sonrisota que aún no se me borra. Una narración como debe ser: fuerte, rítmica, nítida.

    Me dio gusto volver por acá. Saludos arrobados 😀

    • pablogonz Says:

      Rebienvenida entonces, Yun:
      Me caen bien los adjetivos con que calificas a este niño mío. Creo que soy un autor obsesionado sobre todo con la nitidez.
      Abraz@s con arroba,
      P


  9. Exotico! Me alegra el contrasta entre el norte y el sur….de Europa:no tenemos nada que ver de cultura pero tenemos que verlo todo juntos!!! Asi les a broma, gracias Pablo por refrescarnos un poco de los que nos occurre de vez en cuando
    !

    • pablogonz Says:

      Y, sin embargo, entre todos los europeos (a pesar de las diferencias idiomáticas) hay un fondo común que es perfectamente reconocible. Yo viví algún tiempo en Alemania y conozco bien las diferencias generales de la cultura pero ahora vivo en Chile y (a pesar de que hablamos el mismo idioma) reconozco peculiaridades locales que no encontraría en ningún pueblo de Europa. ¡La bella diversidad que siempre destaca sobre el fondo común de todas las culturas!
      Un abrazo global,
      P


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