MADRID/LA SANGRE–12

19 julio, 2013

Alejandro Carrizo, de cuatro años de edad, está muerto de envidia porque ve a los otros niños jugando en la piscina y él no puede porque no sabe nadar. Con cara de azufre, se acerca al bordillo donde están su padre y su hermano Samuel, de diez años, y dice: «Quiero bañarme». Pero ninguno de los dos le hace caso. «¡Quiero bañarme!», grita. Sólo Samuel le mira y es para negar con la cabeza. A Alejandro no le gusta el gesto. Se acerca al bordillo y mira el agua, celeste y undosa. Los gritos de los niños desaparecen. La mano de su padre rasca la tripa de su padre. Alejandro vuelve a mirar el agua. Salta. El ruido alerta a Samuel: «¿Le saco?», pregunta el niño. «Espera», responde el padre. Alejandro lleva un bañador amarillo. Se ve que conserva el aire en los pulmones. Mueve las piernas y los brazos. Pocos segundos después, emerge e inspira con fuerza. Cierra la boca y se sumerge de nuevo. Patalea. Rema con las manos. Ha aprendido a nadar.

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9 comentarios to “MADRID/LA SANGRE–12”

  1. pablogonz Says:

    Estimados:
    Continúo con la publicación de las escenas neocostumbristas de “Madrid/La sangre”.
    Un gran abrazo a todos,
    PG

  2. antonio1970 Says:

    Para tu informacion, te dire que esa tecnica no siempre funciona, yo la hice con once (es que era de secano), y me tuvieron que sacar con un palo. Quizas tengo los huesos de plomo, vaya usted a saber…

    saludos buceadores Pablo

    pd. Yo que soy de los de prosa plana, nunca oi la palabra undosa, que significa?

    • pablogonz Says:

      Interesante, Antonio. A lo mejor si hubieras probado con cuatro años, te habría salido bien. Undoso es todo aquello que se mueve haciendo ondas u olas. Por ejemplo, el trigo crecido, cuando sopla el viento, es claramente undoso.
      Un gran abrazo, también de secano,
      P

  3. Nani Says:

    Un poco arriesgado Pablo. Suerte que están pendiente del chico, pero he conocido casos que el chico estaba solo y no ha tenido un final ten feliz, por eso hoy te he leído con mucho miedo y alivio al llegar al final.
    Besicos muchos.

    • pablogonz Says:

      Bueno, pues es una historia real. Alejandro soy yo, Samuel es mi hermano, y el padre es nuestro padre. Quizás las edades (ahora vuelvo a dirigirme a Antonio) están un poco exageradas. Yo tenía, en todo caso, menos de ocho.
      Besicos con ups,
      P


  4. Si yo hago eso me ahogo, y eso que ya tengo edad de rascar mi tripa.

  5. Josep Vilaplana Martinez Says:

    Pues yo que no he visto piscina alguna, ni peligro más allá del peligro que suponen los que por nuestro bien a veces nos protegen hasta de la felicidad (en un plano un poco más “ajustado a mi forma de ser”, un servidor, con su correspondiente tripa, hubiese saltado al agua en un periquete….).

    Por cierto, doy fe que esa historia es verídica aunque con algún olvido sin duda involuntario. Samuel preguntó si lo sacaba, nuestro padre dijo que esperase un momento y yo, su casi hermano, que nadaba por allí, le presté gustoso mi flotador de pato.

    Esa es la verdad levemente ficcionada.

    Un abrazo histórico, Pablo.

    • pablogonz Says:

      ¡Qué diferente, mi fascinante par, hubiera sido mi vida de haber sabido yo que ya en las minas hondas de la infancia, tu omnímoda presencia lo favorecía todo, inclusa la grácil (por entonces) supervivencia!
      Tú sabes, por la costumbre, que esta es mi alambicada manera de decir gracias.
      Bebe el agua de tus huellas (aquí exageré),
      tu gemelo P.


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